Cosas importantes que debemos enseñar a los hijos

Objetivo: Reflexionar acerca de la labor formativa de los padres

Metodología:

1.- Leer y comentar la siguiente fábula de “El extraño caso del cangurito”:

             Cangurito se asomó al exterior desde el bolsillo marsupial de mamá Canguro. ¡Qué grande es el mundo! , exclamó con admiración. ¿Cuándo me dejarás salir a recorrerlo?
Yo te enseñaré sin necesidad de que salgas de mi bolso _ Dijo Mamá Canguro, pasándole la lengua por el fino pelaje _ No quiero que te juntes con malas compañías ni que te expongas a los peligros del bosque. Yo soy una Canguro responsable y decente.
Cangurito lanzó un suspiro y permaneció en su escondrijo sin protestar.
Ocurrió que cangurito, como todos los canguros, empezó a crecer y desarrollarse, y lo hizo de tal manera que el bolsillo de Mamá Canguro comenzó a descocerse..

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_ ¡Te prohíbo seguir creciendo! – dijo con energía Mamá Canguro. Y cangurito, que era una criatura muy obediente, dejó de crecer en aquel instante.
Dentro del bolsillo de Mamá Canguro comenzó a hacer preguntas y preguntas acerca de todas las cosas que veía. Era un animalito inteligente, pero Mamá Canguro se molestaba no encontrar a mano las respuestas necesarias para satisfacer la curiosidad de su pequeño.
_ ¡Te prohíbo que vuelvas a hacerme más preguntas! – Y cangurito dejó de preguntar.
Un buen día las cosas estuvieron a punto de volver a sus cauces normales. Ocurrió que cangurito, asomado como siempre desde el bolsillo de su Mamá, vio cruzar ante sus ojos una cangurita de su misma edad. Era el ejemplar más hermoso de su especie.
_ ¡Mamá! Exclamó con voz emocionada – quiero casarme con la cangurita. Mamá Canguro derramó una lágrima; _ ¿Quieres abandonarme por una canguro cualquiera? ¡Este es el pago que das a mis desvelos! Y con más energía que nunca Mamá Canguro dio una orden: _ ¡Te prohíbo que te cases! Y cangurito no se casó.
Cuando Mamá Canguro murió, vinieron a sacar a cangurito del bolsillo delantero de la difunta. Era un animal extrañísimo, su cuerpo era pequeño como el de un recién nacido, pero su cara comenzaba a arrugarse como la de un animal viejo.
Apenas tocó la tierra con sus patas, su cuerpo se bañó en sudor frío.
_ ¡Tengo miedo a la tierra! _ dijo – Parece que baila a mi alrededor. Y pidió que le metiesen en el tronco de un árbol.
Cangurito pasó el resto de sus días asomando el hocico por la abertura de un tronco. De cuándo en cuándo se le oía repetir en voz baja: _ Verdaderamente ¡Qué grande es el mundo!

2.- Preguntar:
2.1.- ¿Cuál fue el mensaje que nos dejó esta fábula?
2.2.- ¿Nos hemos comportado en alguna ocasión como mamá Canguro? ¿Por qué?
2.3.- ¿Cómo deberíamos formar y educar a nuestros hijos?

 

 

 

3.- A continuación, comparte la lectura del texto “Cinco cosas importantes que debemos enseñar a los hijos”

          Algunas veces he escuchado a algunos padres decir “he fracasado como padre”, y esto lo dicen padres de niños, de adolescentes, padres de jóvenes y, a veces, hasta padres de adultos. Ante  esa afirmación siempre pregunto lo mismo:¿por qué dices eso?  La respuesta, curiosamente,  suele incluir esta idea: “no he sabido inculcarle“.
La tarea de ser padres no es  construir hijos sino ayudar a que los hijos se construyan a sí mismos. Desde esta perspectiva, realmente ¿fracasan los padres?  La vida de nuestros hijos les pertenece a ellos, y los padres no podemos vivir la vida de nuestros hijos porque, si lo hiciéramos, quizás no se equivocaran, pero lo que es seguro es que los privaríamos de vivir su vida.
          El fracaso como padres, no reside en lo que nuestros hijos hacen, o dejan de hacer,  ni en lo que los padres olvidamos que hemos hecho. En todo caso, reside en no dejar que nuestros hijos sean los dueños de sus aciertos y de sus errores.

          Por otro lado, algunos padres vamos olvidando mientras nuestros hijos se van haciendo mayores las  cosas que les hemos enseñado con tanto esfuerzo y con tanto cariño en su infancia y adolescencia.  El olvido nos puede volver rígidos, incluso resentidos y el resentimiento conlleva el peligro  de “perdernos” la vida que nuestros hijos adultos  han decidido, libremente, vivir. Pero olvidar no es fracasar.
           

 ¿Y qué cosas son las que debemos enseñar a los hijos, y que los padres no debemos olvidar?

  1. Les enseñamos a decir te quiero.  Querer es para toda la vida y se quiere a los hijos porque son nuestros hijos, y no por lo que hacen, ya que lo que hacen es parte de la vida de nuestros hijos: Su propia vida.  Nuestros hijos no son nuestras ilusiones ni nuestras metas

 

  1. Les enseñamos el valor que tiene guiar. Los guiamos  cuando son pequeños y, cuando son adultos, nuestra  luz sigue ahí dispuesta a guiar.  Los padres somos faros, no para evitar que nuestros hijos se pierdan, sino porque sabemos que es posible que se puedan perder y, en ese momento,  es cuando más necesitan que nuestra luz brille.
  1. Les enseñamos qulos aceptamos tal y como son.  Nuestra  imperfección nos ayuda a ser comprensivos con las imperfecciones de los que nos rodean. Les apoyamos y confiamos en su capacidad para tomar decisiones en función de su edad. Confiamos en que educamos para que nuestros hijos sean capaces de vivir su vida y tomar sus propias decisiones.  Confiamos  en su capacidad para afrontar los reveses que, sin duda alguna, les acarreará tomar determinadas decisiones.

 

  1. Les enseñamos el valor del  respeto, respetando sus ideas, sus creencias. Respetar no es sinónimo de compartir. Aceptamos y valoramos que nuestros hijos piensen, aunque sea de forma diferente a nosotros, o que tengan creencias y gustos diferentes a las nuestros. 
  1. Les enseñamos la disponibilidad que los padres tenemos siempre para nuestros hijos, que siempre seremos menos rencorosos, siempre tendremos los brazos abiertos, que no nos cansaremos de dar pasos que nos acerquen a ellos, que aceptamos, por ser padres, que nos corresponde siempre la tarea de construir puentes.

         
 La vida es fugaz, los hijos nos gastan las hojas del calendario a un ritmo vertiginoso. ¿De verdad crees que has fracasado como padre?, ¿no será que has olvidado todo lo que les has enseñado?